5 oct. 2011

r e t r a n s m i s i o n II

Por Ezequiel Meler
Cenizas y diamantes

Captar lo que el instante tiene de propio a veces es más difícil de lo que parece. En el orden electoral, el kirchnerismo espera con cierta impaciencia el resultado que confirme a) su tercer mandato consecutivo, b) el máximo guarismo alcanzado en su historia, c) la inclusión de los datos anteriores en un nuevo tipo de relato que, de tener el tiempo suficiente, generaría una verdadera edad dorada en la historia del país: eso que los economistas, algo profanamente, llaman “milagro”.
El círculo virtuoso de exportaciones, recaudación, inversión pública, consumo y reinversión privada que se encuentra en la base de los años kirchneristas ha alcanzado su cénit. Al mismo tiempo, sin embargo, sombras de antaño de un mundo en crisis se ciernen sobre los logros del país. La caída del precio de la soja es apenas el primero de los malos augurios de un orden económico que jamás podría sustentarse en el vacío. Algo similar sucede con la fuga de divisas, que aunque no amenaza por el momento con llevarnos a las infernales experiencias de antaño, resulta una advertencia a tener en cuenta respecto del cambio de vientos que tiene lugar en los mares del Sur.
Con todo el mérito que tienen los conductores del país desde el desastre de 2001, y a través de la primera oleada del tsunami bursátil que tiene lugar desde 2008, todo parece indicar que, en el nuevo escenario, los logros sociales que colocaron al gobierno de Cristina Fernández en un merecido primer plano en la historia de la región, serán menos el objeto de ulteriores avances que la necesaria trinchera desde la que deberá defenderse la gestión política de una economía global en caída libre. Acá no hay desacople: la profundización del modelo pasará, en los próximos meses, antes por su encarnizada defensa, por el sostenimiento de la inversión, el empleo y el consumo, que por nuevas conquistas.
La presidencia lo sabe, y apuraría, si pudiera, el tempo político aún más para que sea con la imagen de lo conseguido con que se tomen las decisiones y se brinden los instrumentos políticos que han de gobernar al país, al menos, hasta 2013. Lo que viene es la tormenta perfecta y, aunque nuestro alejamiento de los circuitos financieros y nuestra baja ratio de deuda sobre PBI nos colocan en posiciones mejores a la hora de enfrentarla, no cabe ilusionarse con permanecer ajeno a ella.
Por eso es importante reconocer los gestos que hacen al estilo que viene. La referencia a la unidad de los argentinos, el constante acercamiento con el empresariado, son gestos que muestran claramente un rumbo propio del peronismo: acordar primero todo lo que se pueda en el frente interno, para salir a negociar lo que se deba -y habrá que ver con quién- en el frente externo. El dilema opositor -vg: anti o post kirchnerismo- está próximo a la irrelevancia, pues en los años que vienen el mandato que el kirchnerismo recibiera al nacer -esto es, apostar al crecimiento de una economía quebrada en un mundo que crecía- se han revertido de modo dramático-. Ahora tenemos, al menos por este año, una economía que crece en un mundo que quiebra.
No dudo, ni por un instante, en que todo esto haya sido previsto. Por una vez, cuando se trata de la estabilidad económica, el gobierno suele estar un paso adelante. Será después de octubre cuando sepamos cuál es el rumbo que ha decidido tomar. Y será también a partir de entonces cuando podamos medir, adecuadamente, cuánto vale para el votante esa estabilidad cuya sonora ubicuidad semeja una muralla infinita, y cuánto cotizan, por así decirlo, las cuestiones más estrictamente políticas de la agenda oficial.
(aqui post original)
 rosas,...muchas hicieron falta para estos perfumes....

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